P.– Son ensayos pero no en el sentido estricto de la palabra.
R.– Son libros de ensayo no académicos. La mayor parte de ellos no valen para aprobar una asignatura, sirven para vivir.
P.– ¿Libros que ya existen pero no traducidos al castellano?
R.– Algunos los había leído hace años y me habían emocionado, no comprendía que no se conocieran aquí. El primero que saqué, Delirios multitudinarios, es un clásico anglosajón del siglo XIX que usan los inversores de bolsa americanos como libro de cabecera. Quiero no solo hacer traducciones, sino despertar la idea de qué es lo que se puede hacer y encontrar autores de aquí dispuestos a hacer este tipo de cosas.
P.– Si le hubieran advertido de la situación económica que íbamos a vivir, ¿hubiera asumido el riesgo?
R.– Sí. Es como cuando te preguntan qué harías si te dicen que vas a morir dentro de un año. Ahora mismo lo que haría sería terminar los libros que tengo en marcha, es decir, haría lo que hago ahora.
P.– ¿Está tan mal como parece?
R.– Para las editoriales está mal y es muy difícil enterarse de lo que verdaderamente está pasando porque la crisis enmascara otro problema: el cambio importante de hábitos de lectura y de ocio, que hace que el libro pierda terreno. El libro como objeto siempre tuvo su prestigio, pero de diez años hacia acá ha desaparecido. Esto de ir a casa de alumnos o profesores universitarios jóvenes y que no haya libros es muy común, cuando antes, por contraste, había gente que compraba libros por metros y colores solo para decorar su salón. Este cambio social en relación al libro es lo que acaba de descuajeringarlo todo.
P.– ¿El culpable es el cambio tecnológico?
R.– Tiene mucho que ver pero no sabemos aún cómo. En milrazones tenemos una directora de comunicación completamente volcada al 2.0. Todo el día trabajando las redes y experimentando mucho con ello. Hemos logrado un reconocimiento web muy notable en relación al tamaño de la empresa, pero no hay correlación entre esto y las ventas en la librería. Desde mi punto de vista lo que hay es una colisión de dos mundos, porque hay gente que predominantemente compra libros pero no usa internet para su ocio, y otra gente que usa internet pero no adquiere libros. Pero esto es algo que cambia muy rápido.
P.– ¿No hay una fórmula de éxito asegurada a pesar de usar las nuevas tecnologías?
R.– Los pequeños empezamos a trabajar mucho internet porque era barato y ahora los grandes están trabajando masivamente con ello. Es una promoción muy buena pero todavía la venta es lo que enseña el librero. Es lo que marca la diferencia.
P.– Hay quien dice que el editor es como un capitán de barco.
R.– Yo trabajo para el lector y tengo una relación crítica con el autor porque soy un editor activo, cambio cosas, que es algo que molesta a los autores hasta que comprenden –los que no están vencidos por la egolatría– que lo que estás buscando es hacer el mejor libro posible. No me gusta el tema del capitán porque no es una historia de jerarquía. Quizás esa imagen sea buena en el sentido de que manejas muchos hilos, pero lo veo más como una cosa horizontal, en milrazones no creemos en la jerarquía sino en la colaboración.
P.– Está asentado en Santander, ¿una editorial se ve distinta dependiendo de dónde esté ubicada?
R.– Cambia mucho la percepción que tiene el público y la crítica. Piensan que la calidad del sello es menor por estar asentado en una provincia, qué le vamos a hacer.
P.– Ha establecido contactos con otra gente para seguir editando libros, como es el caso de Un poco perdido, ¿una nueva vía?
R.– Tengo muchas expectativas en las colaboraciones porque me parece que es una de las vías de supervivencia, encontrar terrenos comunes, establecer alianzas con gente que no es editora pero que quiere hacer cosas.
P.– ¿Y sobre el libro electrónico?
R.– Tenemos mucho tiempo de coexistencia por delante. Lo que pasa es que va asociado con los cambios de hábitos de lectura, un terreno pantanoso, pero los libros electrónicos siguen necesitando editores. Es necesario un editor que se responsabilice de que la edición está cuidada. En principio, no nos debería asustar demasiado. El único cambio técnico de importancia es que desaparece la página como unidad.